Reflexionar para qué usan las pantallas y qué les aportan.
• Establecer momentos de conexión y desconexión.
• Priorizar actividades presenciales, descanso y estudio.
• Evitar el uso automático o por aburrimiento.
• Conversar con otras personas sobre sus experiencias digitales.
La clave no es dejar la tecnología, sino usarla de manera consciente y equilibrada.
