Primero les consultaría sobre qué es lo que están haciendo en su conexión y uso de las pantallas. Hablaría de que otras cosas hacen por fuera de las mismas. Trataría de que reflexionemos de forma conjunta de que sucede en nuestros encuentros presenciales, como se siente uno cuando no nos prestan atención por estar con el teléfono. De que el punto no es medir la cantidad de horas, sino pensar para que lo hacemos y cómo lo hacemos. Que eso no nos invalide nuestros vínculos interpersonales.
